¿Cómo entrenar durante el primer trimestre de embarazo?

¿Cuándo hay que empezar a hacer deporte una vez sabemos que estamos embarazadas? La respuesta es sencilla, y la tienes tú misma, dentro de ti, está en tus propias sensaciones. Y es que el ejercicio físico es más que recomendable y positivo durante el embarazo de cara al desarrollo del mismo, el parto y la recuperación tras el nacimiento del bebé. Pero durante las primeras 12 semanas, o incluso un par más, nuestro cuerpo ya tiene que trabajar demasiado. Así, hay muchas mujeres, como es mi caso, que padecen nauseas y vómitos, mucho sueño, mareos y cansancio. Por muy activa que seas, lo primero es escuchar tu cuerpo. Ya habrá tiempo de retomar; el embarazo es largo y hay etapas para todo.

En el primer trimestre de embarazo a mí no me obsesiona ni la alimentación –siempre que se lleven a cabo las pautas mínimas recomendadas por la matrona, claro- ni las horas de deporte a la semana. En mi caso he intentado cuidarme lo máximo y moverme a petición de mis fuerzas y ganas. Sin más.

 

Si eres una mujer activa en el deporte y no tienes muchos síntomas puedes continuar con la misma actividad, siempre y cuando controles las pulsaciones, la temperatura corporal y el equilibrio, básicamente. Yo, que sin estar embarazada practico normalmente cinco o seis entrenamientos semanales intensos, en mis primeras semanas de embarazo apenas he andado una hora un par de veces en semana. Paso a paso, sin agobios. Lo primero eres tú y el bebé. Ahora bien, si te encuentras con fuerzas, sigue adelante con tus tablas de entrenamiento siguiendo siempre las pautas de tu médico y evitando las grandes cargas y las actividades de mucho impacto.

El deporte es la mejor opción para tener un embarazo feliz y saludable

Si eres una mujer que no hace deporte y eres sendentaria, por el contrario, no es lo ideal obsesionarte con moverte ante la idea de coger peso o por beneficio de tu futuro hijo o hija. Ve poco a poco, comienza con caminatas o practica actividades cuerpo-mente como el yoga o el pilates, dos disciplinas perfectas en esta etapa tan importante en nuestras vidas. Lo ideal es practicar un ejercicio suave hasta alcanzar un nivel moderado.

En mi caso, hice mucho deporte durante mi primer embarazo. En las primeras 9 semanas no practiqué casi nada debido a los continuos vómitos pero a partir de la décima, ya mejor, comencé con largas caminatas y ejercicios de suelo pélvico con fitball (los ejercicios de Kegel son muy positivos durante todo el embarazo de cara al parto). También me fue genial la natación y la bicicleta estática. Ya con el embarazo más avanzado fui incluyendo trabajo de pesas. Tanto mi embarazo como mi parto y mi recuperación fueron modélicas, por ello, si me preguntan a mí, siempre defenderé que el deporte es la mejor opción para tener un embarazo feliz y saludable. De hecho, en este segundo embarazo, estoy siguiendo exactamente las mismas pautas que en la primera vez.

La actividad durante esta etapa puede reducir los malestares físicos, el estreñimiento, los cambios emocionales o la fatiga mientras nos mantiene tonificadas y con la autoestima más alta, pero nuestro primer y mayor indicador siempre deben ser nuestras propias sensaciones. Una etapa tan bonita como es la maternidad es para disfrutarla. Mima tu cuerpo y mímate a ti.

Ropa deportiva: Reebok

Zapatillas: Nike

Fotos: Bretodó

La difícil (pero reconfortante) labor de decidirse

Hoy me apetece escribir de eso que pasa por mi cabeza. En realidad esta reflexión la rescato de una columna de opinión que escribí hace bastante, al menos un par de años, para las páginas de Pasarela de Grupo Joly. Es increíble como siendo un poco más vieja no soy más sabia, porque me sigue costando ejercer sobre mí misma esos consejos que doy a los demás. Así es el ser humano, un especialista en complicar todo.

Tomar una decisión es uno de los procesos de aprendizaje más completos, y complejos. Lo suyo es que sea a tiempo, pero de todas las deciciones, hasta de las menos acertadas, sale algo positivo. Intuición y razón a partes iguales son esenciales en una decisión que puede considerarse inteligente. Algo así como la fusión de la idiosincracia masculina y femenina; ellos siempre son más lógicos mientras que nosotras somos más emocionales.

Estaría muy bien empezar por valorar de verdad lo que implica el trabajo de decidirse, lo que ganas y lo que merma al mismo tiempo. Y, como en todo, hay tips para gestionarlo de la mejor forma y más rápido. Que ya se sabe, el tiempo es el valor más preciado. La vida pasa. No se puede recuperar. Tomar una decisión puede ser posiblemente el proceso que más atormente a una persona, especialmente porque mientras lo hacemos estamos en un momento de angustia y paralización total y siempre valoramos más lo malo que puede venir que lo positivo del cambio.

Una de las claves es interiorizar que nada es a vida o muerte. De las equivocaciones también se aprende. No pasa nada. Así que si crees que has tomado la decisión correcta sigue adelante. Para atrás ni para coger impulso dicen, y cuánta razón llevan. Otra de las claves es seguir tu propia intuición; puede parecer obvia pero no es tan fácil de cumplir. Lo que te dicte el corazón siempre te acercará al sí (qué cursi, pero qué cierto, ¿verdad?).

Y lo mismo ocurre con el amor, que no es ni santo ni tan valiente como lo pintan. La mayor prueba de amor es la vida, en las relaciones lo único que pasa son los días. Por eso, ¿de qué nos sirve autocenturarnos y poner en jaque nuestros sentimientos por superar las expectativas si el lenguaje del amor es otra cosa? Ni es rojo ni tiene forma de corazón. Todo se desvanece, el tiempo es el justiciero, y tomar la decisión de quererse a uno mismo, al final, es la mejor forma de hacer felices a los demás. Con las pequeñas decisiones no solo vamos dibujando el presente sino, lo más importante, el futuro. Una vez que comienzas a eliminar lo que no te hace decidir, eres un poco más libre de elegir. Y vivir.

Espero que os ayude esta pequeña reflexión. ¡Mil besos!

Fotos: Bretodó en El Lodge

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