La difícil (pero reconfortante) labor de decidirse

Hoy me apetece escribir de eso que pasa por mi cabeza. En realidad esta reflexión la rescato de una columna de opinión que escribí hace bastante, al menos un par de años, para las páginas de Pasarela de Grupo Joly. Es increíble como siendo un poco más vieja no soy más sabia, porque me sigue costando ejercer sobre mí misma esos consejos que doy a los demás. Así es el ser humano, un especialista en complicar todo.

Tomar una decisión es uno de los procesos de aprendizaje más completos, y complejos. Lo suyo es que sea a tiempo, pero de todas las deciciones, hasta de las menos acertadas, sale algo positivo. Intuición y razón a partes iguales son esenciales en una decisión que puede considerarse inteligente. Algo así como la fusión de la idiosincracia masculina y femenina; ellos siempre son más lógicos mientras que nosotras somos más emocionales.

Estaría muy bien empezar por valorar de verdad lo que implica el trabajo de decidirse, lo que ganas y lo que merma al mismo tiempo. Y, como en todo, hay tips para gestionarlo de la mejor forma y más rápido. Que ya se sabe, el tiempo es el valor más preciado. La vida pasa. No se puede recuperar. Tomar una decisión puede ser posiblemente el proceso que más atormente a una persona, especialmente porque mientras lo hacemos estamos en un momento de angustia y paralización total y siempre valoramos más lo malo que puede venir que lo positivo del cambio.

Una de las claves es interiorizar que nada es a vida o muerte. De las equivocaciones también se aprende. No pasa nada. Así que si crees que has tomado la decisión correcta sigue adelante. Para atrás ni para coger impulso dicen, y cuánta razón llevan. Otra de las claves es seguir tu propia intuición; puede parecer obvia pero no es tan fácil de cumplir. Lo que te dicte el corazón siempre te acercará al sí (qué cursi, pero qué cierto, ¿verdad?).

Y lo mismo ocurre con el amor, que no es ni santo ni tan valiente como lo pintan. La mayor prueba de amor es la vida, en las relaciones lo único que pasa son los días. Por eso, ¿de qué nos sirve autocenturarnos y poner en jaque nuestros sentimientos por superar las expectativas si el lenguaje del amor es otra cosa? Ni es rojo ni tiene forma de corazón. Todo se desvanece, el tiempo es el justiciero, y tomar la decisión de quererse a uno mismo, al final, es la mejor forma de hacer felices a los demás. Con las pequeñas decisiones no solo vamos dibujando el presente sino, lo más importante, el futuro. Una vez que comienzas a eliminar lo que no te hace decidir, eres un poco más libre de elegir. Y vivir.

Espero que os ayude esta pequeña reflexión. ¡Mil besos!

Fotos: Bretodó en El Lodge

¿Por qué me gusta el Body Pump?

¡Hola equipo!

Lo primero primerísimo quiero agradeceros el apoyo y el cariño que me habéis dado con el lanzamiento del blog. Cuando he visto las visitas, os confieso, he pegado un grito de alegría. ¡¡Mil, mil, mil gracias!!

Aquí tenéis mi segundo post de fitness, y trata sobre algo de lo que muchas de vosotras me habéis preguntado una y otra vez. La verdad que recibo varios mensajes a la semana para preguntarme sobre mi relación de amor total con el Body Pump, la actividad que me abrió el camino hacia el entrenamiento de fuerza y con pesas y el que definitivamente comenzó a transformar mi cuerpo.

 

Antes de nada, quiero dejar claro que ésta es mi experiencia como usuaria de gimnasio y amante del fitness. Que no soy entrenadora personal ni profesional del deporte y la salud, así que antes de poneros a entrenar como locas consultar a vuestros monitores o entrenadores del gimnasio y ellos os darán los mejores consejos para vuestro caso en concreto y siempre según vuestros objetivos.

En mi caso, conocí el Body Pump cuando mi entrenador me comentó que mi principal meta era perder grasa localizada (aunque ya sabéis que la grasa se pierde de forma general, es imposible quemar grasa de una sola parte del cuerpo; que se lo digan a mis pechis) y tonificar, es decir estar más durita. No engordé demasiado en el embarazo pero sí me quedé bastante ‘blandiblú’ y con una pérdida de masa muscular considerable.

En esta disciplina de Les Mills se trabaja con barra y discos de diferentes pesos los ejercicios típicos de la sala fitness como, por ejemplo, squats, presses, elevaciones, remo y curls pero a muchas repeticiones. Se tocan todos los grupos musculares por canciones(con musicote, por cierto) con lo que se fortalece y tonifica todo el cuerpo y te vas a casa andando como un pato ‘mareao’ pero con ese dolor gustoso que tanto engancha del deporte y que pone tan contento a nuestro cerebro.

Me encanta porque además de definir musculatura sin ganar volumen (nada de cruasán, ¿eh?), aumenta la densidad ósea y la resistencia, ya que también tiene bastante de cardio. Más de 500 calorías por sesión, que suelen ser de unos 50 minutos. Yo lo practico 2 ó 3 veces a la semana. Para mí es tan vital en mi rutina de entrenamientos semanales que sería incapaz de apuntarme a un gimnasio sin este programa.

Total look: Reebok

Fotos: José Osuna

Además es un trabajo que aunque se realice de forma individual nos ayuda a socializar, ya que se trata de una clase colectiva que suele tener bastantes fans y al final pues se acaba haciendo equipo. Además de estar guapos es importante tener amigos

¿Os animáis a probarlo? A las ya experimentadas, ¿algún consejo que podáis darme para mejorar en mis sesiones?

Ah, y prepararos para el mundo agujetas, esa sensación tan incordiosa como gratificante a la vez. Recordad: Agujetas es igual a trabajo bien hecho y a culetes bien altos. ¡¡A tope!!

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